No soy de la generación que veneró a Oliver y Benji y no estaba al tanto de que el momento mítico de aquella serie fue un partido Japón-Brasil. Lo que hace años era inimaginable incluso en dibujos animados se ha convertido en posible. Los nipones estuvieron ayer en disposición de derrotar a la todopoderosa verdeamarela. Con su racimo de estrellas en el pecho, los de Ancelotti sudaron para imponerse a una selección que ya ha logrado superar a combinados de mucho renombre (verbigracia: España) y que avanza por la senda del fútbol con la aspiración de hacer grandes cosas. Pero aún les falta un punto. Quizá de confianza, de convencimiento, de creérselo. El duelo de dieciseisavos se les hizo largo a los japoneses. Casi como los kilométricos campos de aquellos dibujos animados, que nunca se acababan. Se les hizo eterno el partido. En el último metro llegó el gol de Martinelli y el episodio acabó en lágrimas para el bravo conjunto asiático.
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