A un futbolista se le puede escapar un Mundial por un mal control, por una lesión, por un penalti… o por llegar al minuto 70 con el cuerpo demasiado caliente. Ese detalle, invisible para el espectador, se ha convertido en una de las grandes obsesiones de este torneo. No basta con comer bien ni con beber agua. Hay que medir, anticipar y enfriar antes de que el organismo empiece a fallar.
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