Cuando la UFC, que explota la imagen del deporte de combate más exigente, está próxima a vivir una de sus apoteosis con el evento que se va a celebrar en la Casa Blanca ante los ojos del presidente de EE.UU Donald Trump, otra modalidad está dispuesta a discutirle esa categoría de deporte de contacto más extremo: el ‘Deathmatch’ –combate de la muerte, vendría a significar-, centrado en Japón y que invoca, como atracción, una extrema violencia.
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